lunes, 13 de julio de 2015

ME DUELE EL ORGULLO POR SABERME NADA, EN TI.

Tuve el don de hacerte entrar por la puerta de mi alcoba todas las noches, era fácil olerte, tocarte, saborearte con el sudor de mi piel. Olías a mi, desde que te conocí mi aroma caló en ese ser que me inventé con tu aspecto. Perfecto, fugaz, mio. El pecado mejor guardado, mi historia, mi demonio. Sutil te colabas entre las letras mórbidas de mis canciones predilectas. Estabas en todo, en la desnudez que me hacía libre al crear un mundo en un lienzo en blanco, en las piernas abiertas, en mis pezones erguidos, en los latidos rápidos, en los gemidos lentos. Duele tanto escribirte en pasado, y es que mi imaginación no puede traerte desde el lugar a donde te fuiste, lejos de las calles donde escudriñaste mi cuerpo al antojo, lejos de mi y sin extrañarme, sin despedidas. Lo sé, fuimos la serpiente del otro, el error que repetimos a placer, pero mi imaginación no puede traerte desde el lugar a donde te fuiste, lejos de ese deseo de verte, poder hacerlo y preferir las ganas, las eternas ganas de los 20 años. He llorado un mar de recuerdos, me hiero por saberme estúpida, me torturo por no poder ser la típica mujer que lo quiere todo, posesiva e invasiva. Hoy la libertad me duele como un puñal que atraviesa mi espalda hasta mi pecho; por que nos quise libres, pero volaste mucho y sin decirme adiós.


PD: me duele el orgullo y no encuentro modo de ponerle letras a eso.

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